Dora Barrancos en la Universidad de Quilmes: Sobre el No Sentido del Patriarcado

Foto: Gentileza UNQ

“El sentido común patriarcal, no tiene sentido”

El sentido común se plantea como una cuestión inexorable e inevitable que condiciona la cotidianidad. Vivimos en condiciones de sentidos comunes al punto tal que no hacemos ninguna parada crítica. El sentido común tiene un cierto automatismo que es como prender y apagar la luz: no reflexionamos para prender y apagar la luz. Para reflexionar sobre el patriarcado es necesario parar el sentido común.

 El sentido común tiene una desorbitada preeminencia: realiza mandatos, estimula determinadas conductas, garantiza la impunidad de determinadas conductas por fuerza de su sentido común. Entonces he aquí la cuestión al patriarcado: hay que enfrentarlo considerando su no sentido, porque ese sentido común, finalmente, como toda fuerza autoritaria, como toda fuerza que domina y sujeta, no tiene sentido. Es decir, podemos explicarlo, pero no podemos fundamentar su existencia en las consecuencias de su ejercicio sin conmover profundamente entonces el propio sentido de la existencia, que tiene que ser revisto a la luz del poder patriarcal.

 El patriarcado no vino con la condición humana. No ha venido con nuestra especie. Es un invento, una circunstancia que tiene y remite a una cierta historia y que se incrustó, por así decirlo, con un exceso de metáfora, como si fuera natural a nuestra humanidad, con la fuerza que tiene un mandato de naturaleza, pero no tiene sentido. En todo caso cuando decimos que no tiene sentido, lo que examinamos es la irracionalidad, su componente completamente alienado.

Sobre el feminismo

  Con toda esta efervescencia feminista hemos visto que hay cosas que ya no se pueden hacer. Cosas que ya no se pueden decir. Pero por otra parte nosotras, cuando ahora compartimos esta idea de que el feminismo no es exclusión y no es ir en contra de los varones ni es reemplazar una subordinación por otra, en esa línea un tejido que delimite qué entendemos por violencia, qué entendemos por acoso, para poder desmalezar las relaciones cotidianas en las que nosotros nos movemos cuando decimos que una fuerza es irracional y que nos aliena y que aliena sobre todo al ejecutor de la fuerza, al amo, al patriarca.

 Estamos diciendo que es una gestión violenta el patriarcado y es una gestión violentísima. Ahora, lo dramático es que la constitución del patriarcado tiene una solidez del orden simbólico, es decir, está tan enmarañada en la subjetividad que casi es una condición del propio sentido común que está casi antes, porque hay una representación simbólica acerca de ese sujetamiento del significado que tiene la articulación del mandato patriarcal cuya violencia no aparece, no asoma en la superficie, porque está primero el orden simbólico que atañe a nuestras culturas humanas.

 ¿En qué momento se forjó el orden simbólico?… cuando hay orden simbólico ya la humanidad está separada de la naturaleza, ya no es más la naturaleza natural. Ya no somos más la naturaleza. Desde luego lo biológico opera en nosotros, pero es un retablo mínimo. Todo lo que nos construye como sujetos viene de la cultura y entonces ese orden simbólico es muy violento, porque tiene una inscripción que además dice ´en el nombre del padre´ y es una suerte de repetición notable respecto de lo que son las explicaciones acerca de ciertas manifestaciones que tenemos como sujetos.

A continuación, la charla completa (Gentileza UNQ TV)

 

*Dora Barrancos es socióloga, historiadora, ex Directora del CONICET y actual Directora de la Maestría en Ciencias Sociales y Humanidades y de la Cátedra Abierta de Género y Sexualidades de la UNQ.

Redacción

Es propósito de este periódico propagar la verdad, la honradez y la persecución como único fin de la libertad y el progreso social, entendido como la expansión de la personalidad humana en todos sus aspectos y la afirmación de la libertad del hombre, de su cultura y de su bienestar. Su credo lo forma la independencia, el respeto al hombre privado, el ataque razonado al hombre público y la defensa de los principios republicanos que consagra la Constitución Nacional Argentina.

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