Enfermero con comorbilidades murió en el «frente de batalla»

Carlos Jaime (52)
Carlos Jaime (52)
Había pedido licencia dos veces pero se la negaron.

Por Nicolás Santomé

Médicos, enfermeros, ambulancieros y personal de la Salud en general continúan arriesgando su vida día a día, poniendo el cuerpo y la mente para sostener el sistema sanitario de la Provincia, que a cada hora parece acercarse un poco más al colapso. El riesgo al contagio está latente segundo a segundo y muchas veces ni siquiera es suficiente tomar todos los recaudos. Otras, sin embargo, hay avisos y señales que deben ser escuchados pero que no se atienden a tiempo.

Uno de esos casos parece ser el de Carlos Jaime, de 52 años, vecino de Ranelagh que trabajaba como enfermero en el Centro Javier Sábato de Berazategui (CAPS 5) y en la Unidad Coronaria del Hospital Perón de Avellaneda. De 52 años de edad, Jaime era diabético y padecía de hipertensión, pero seguía trabajando en el «frente de batalla» pese a que había pedido licencia en dos oportunidades.

El Martes 14 de julio llegaba a cumplir con otra jornada de trabajo al Centro Sábato, pero comenzó a tener síntomas que le hacían preveer que podía haber contraído Covid19. Tras dar aviso a su superiora, Marisol Torres (Directora de Enfermería de la Secretaría de Salud municipal), ésta ordenó el traslado del enfermero hacia el hospital Evita Pueblo, donde Carlos fue ingresado e hisopado. Dos días después, el test arrojó el resultado que todos sospechaban: positivo por Covid-19.

Según contó Nahuel Fiorentino, sobrino de Carlos, éste le mandó una foto el día 23 de julio donde se mostraba con la asistencia de un tubo de oxígeno, aunque reprochaba que ese tubo lo precisaba desde el primer momento de internación, es decir 72 horas antes.

La familia comenzó a dudar de la atención recibida en el Hospital Evita Pueblo, hasta que el 24 de julio se dirigieron al hospital para trasladar a Carlos a otro lugar.

Cuenta Nahuel que ese mismo día «Nos acercamos con mi tía (hermana de Carlos) al hospital para pedir el traslado urgente. Quisimos hablar con el director pero nos mandó a una secretaria que nos habló por un timbre, la cual nos preguntó qué era lo que estaba pasando. Le explicamos que no lo estaban atendiendo bien y pedimos la derivación».

Las cosas no mejoraron para Carlos, ya que IOMA ordenó el traslado al Policlínico de Lomas de Zamora. Allí, cuenta Nahuel, «No estaban preparados con ningún equipo para asistir a mi tío. La enfermera no tenía ni saturómetro», denunció.

El panorama empeoró cuando en el Policlínico ordenaron dar de alta a Carlos el 28 de julio, tres días después de haber sido ingresado. «Le hicieron un nuevo test que dio negativo de Covid, entonces lo mandaron a la casa, cuando todavía no se había recuperado. Mi tío tenía que seguir con el oxígeno», reclama Nahuel.

Finalmente, el día 31 de julio, luego de tres días en su casa siendo atendido por su hermana, Carlos Jaime llegó al hospital Perón de Avellaneda (recordemos que allí trabajab) para un turno con el neurólogo. El profesional le explicó a la familia lo que ya se sabía: «Carlos está mal y necesita oxígeno», por lo que al día siguiente quedó internado, aunque no en Terapia Intensiva, sino en una habitación común.

«Ese día (1 de agosto) mi tío nos mandó un mensaje diciendo que no lo habían medicado y que ningún médico pasó a ver cómo se sentía», explica Nahuel. Ya por la tarde, Carlos tuvo un paro cardiorespiratorio que derivó en su muerte. «Nadie del hospital Perón lo fue a ver. Una enfermera llamó varias veces a los doctores pero no fue nadie. Lo abandonaron», denuncia el joven, aún conmocionado por la muerte de su tío.

Ahora, la familia está siendo asesorada por una abogada para iniciar acciones legales. «No voy a para hasta que se haga justicia por mi tío, porque más allá de que le agarró el virus (sic) y él era una persona con enfermedades previas, si lo hubieran asistido desde el primer día como lo tenían que asistir, tendría que estar acá», explica.

La primera apuntada es Torres, sobre quien la familia cree que hizo «abandono de persona». Este medio intentó obtener la palabra de la funcionaria para que pudiera dar su versión de lo ocurrido, pero al cierre de esta nota no había contestado a nuestra solicitud.

En segundo lugar, responsabilizan a las autoridades del Hospital Perón, no sólo por no brindarle la atención necesaria al enfermero, sino por haber rechazado dos pedidos de licencia previos, siendo que Jaime estaba dentro de las personas consideradas «de riesgo» por ser diabético e hipertenso. El caso continuará con el asesoramiento legal y, seguramente, una causa judicial.

Lo que queda, es el recuerdo de una «gran persona», según palabras de familiares, vecinos y, sobre todo, compañeros de trabajo. Solidario, compañero, responsable, servicial… son algunos de los adjetivos que recolectamos entre los testimonios de quienes lo conocieron en vida.

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