Alberto Moya: La inconclusa de Walsh

De no haber sido desaparecido, su seguimiento a la Policía de Quilmes habría dado con el robo de bebés. (La nota que sirvió para una condena penal).

Por Alberto Moya

La última investigación de Rodolfo Walsh fue acerca de la Policía Bonaerense, en el diario Noticias hacia 1974, hasta ser clausurado por López Rega. Dos años y medio después, un 25 de marzo, libraría su último combate contra la ESMA.

 Desde aquel 1977, pasaron años hasta que otros colegas retomaran algunos de los trabajos del más comprometido periodista de la historia argentina; y un cuarto de siglo para que quien esto firma se propusiera proseguir su investigación inconclusa sobre la Bonaerense.

 Este trabajo sirvió para una condena en la Justicia Federal contra una apropiadora (recuadro). De cómo fue posible reconstruir aquella banda, versa esta nota.

CÓMO SE HIZO

El primer paso fue leer los diarios de la época desde 1968. Apliqué el principio de las “doce horas diarias culo-silla” al Semanario CGT de los Argentinos. En sus páginas Walsh describió los “Fantasmas en la Policía”. Hacia 1975, la primera “Brigada Fantasma” de la Bonaerense se formaría en Quilmes.

 Walsh mencionó en 1969 como torturadores de Avellaneda a: Miguel Cortez; Horacio Rocha; Zenón Alanis; Angel Cáceres; Silvio Altamira; Campodónico; Zalazar; Lubo; Aldo Pastorini y Gómez (Abel y Casimiro).

 Varios de esos policías fueron acusados por el juez Arturo Madina en relación con una casa de tormentos en el sur del conurbano. Eran subordinados de Ernesto Verdún, a quien Walsh definiera como “un torturador a cargo de la Brigada Avellaneda”. El 8 de octubre de 1969, esa Brigada y la de Quilmes cambiaron de jefes pero continuaron Sinieri, Rocha y, “destacados por sus tareas”, los cabos Luis Ferián y Daniel Juárez, de continua aparición en la prensa local, donde el director de Investigaciones, Vicente Capparelli, informaba: “La Brigada Sur de Avellaneda detuvo a asaltantes por la destacada labor de José Rodríguez; Olimpio Chena; Alfredo Reynoso; Manuel Cortez; Abel Gómez, Aldo Pastorini, Juan Schmidt y José V. Sánchez”.

 Este último, detenido el año previo por “torturador”, no era el único procesado que aún operaba. Todavía hay procesos judiciales que lo tienen encausado. En otro caso, la Brigada de Quilmes informó: “Dimos con una banda de Tupamaros. Debe destacarse la intervención de Horacio Rocha; Angel Cáceres; Luis Pérez; Daniel Juárez y Sinieri”. Rocha y Cáceres también ha- bían sido detenidos como “tor- turadores”.

 Hacia 1971, Rocha fue premia- do y ascendido junto a Cáceres, ya en Quilmes, donde meses después eran felicitados por sus tareas Rocha, Sinieri y Alaniz, otro de los que el juez tenía por “torturador”.

 En 1972, por el primer obrero muerto bajo tormentos, Juan Lachowski (trabajador de Peu- geot, donde lo entregaron) fue- ron detenidos Chena, Cortez, Juan Caracciolo y Rocha.

PENÚLTIMA DEMOCRACIA

Hacia mayo de 1973, en la nueva cúpula de la Bonaerense, detrás de Julio Troxler, se disimulaba José Igal, ex jefe de los torturadores en Quilmes.

 En julio, cuando el Presidente Héctor Cámpora fue reemplazado por Raúl Lastiri, la Brigada de Avellaneda cambió de jefe. Continuó Cortez –en libertad provi- soria por el crimen de Lachows- ki–, que ahora respondería nada menos que a Miguel Osvaldo Etchecolatz (MOE). Su dotación se completó con Pastorini; Abel Gómez; Alanis y Campodónico, denunciados por Walsh.

 En 1974, el juicio por las tortu- ras y muerte de Lachowski dejó a todos los policías libres.

 Con esa garantizada impunidad se llegó a 1975, cuando se incu- baba un accionar parapolicial en Quilmes. Es fácil inferirlo al hojear el diario El Sol, en cuyos titulares se hablaba de una “Brigada Fantasma” integrada por Ferián y Juárez, entre otros. A repetición de nombres, continuidad de métodos.

Hasta aquí la investigación que publiqué en la prensa local. Cuando su difusión por la web llegó a las Abuelas, mi declaración judicial y nuevas pruebas que aporté ayudaron a cerrar una historia.

 El raptado Pedro Luis Nadal García, nieto 79º con su identidad recuperada, pudo saber quiénes eran los cómplices de Ferián, su apropiador, el jefe de la Brigada Fantasma que mató a su madre [Hilda Magdalena García, trabajadora social en Villa Itatí, de Bernal-Don Bosco] y al compañero a quien confundió con su padre (el verdadero estaba preso). El policía, a su vez, engañaba a su familia: tenía otra
mujer, estéril, que no podía darle hijos. Entonces, él le dio un hijo a ella.

 Por este trabajo debí declarar en instancias como el Juzgado Federal 3 de Arnaldo Corazza, en La Plata, o en el juicio oral contra el Circuito Camps, ante el TOF1 presidido por Carlos Rozanski, donde Etchecolatz estaba sentado a mi espalda. En la filmación se lo ve a saltar de su sillón para abalanzarse sobre los abogados y señalarme, mientras yo daba los nombres de 35 represores a los que nadie recordaba.

 En ponencias para universidades —Tres de Febrero; Quilmes; La Plata; Cuyo— insté a hacer un recorrido semejante en los diarios de sus pueblos. Me pareció el homenaje más adecuado para el mejor periodista: levantar su bandera y continuar el camino. Así se hace cierto que “no murió; vive en su obra”. Así, 42 años después, Walsh sigue enseñándonos este violento oficio.

 

 

 

 

Redacción

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