Berazategui: abusó de una niña y no respeta la restricción de acercamiento

Pedófilo en Berazategui
Pedófilo en Berazategui

Por Nicolás Santomé

Una nena de 11 años vive atemorizada y no sale de su vivienda en el barrio María Angélica de Berazategui. El hombre que abusó de ella vive en la casa de al lado, como si nada hubiera pasado. Hubo una denuncia y hay una restricción de acercamiento que suena irrisoria: 50 metros. No es suficiente. Y no es justo para una víctima de abuso que la justicia dicte estas medidas y se desentienda, dejando por casi cinco años a una familia totalmente expuesta y a un pedófilo suelto en la calle.

Abuso

Para entender la situación es necesario aclarar que el abusador (identificado como F.A.) y la víctima (N. de aquí en más) viven en casas contiguas, en la zona de calle 110A y 5. Cecilia, mamá de N., contó (quebrándose en varias ocasiones) que mantenía una estrecha relación familiar con el hombre que ultrajó a su hija, y que nunca imaginó lo que podía ocurrir.

«N. jamás estaba sola, porque de chiquita tuvo problemas de salud, le teníamos que estar encima», explica Cecilia. «Ese día (14 de diciembre de 2015) tuve que ir a hacer un trámite y quedó a cargo de mi hija mayor. Cuando regresé la nena estaba muy asustada, y ahí me contó lo que había ocurrido: que F.A. le había dado un beso en los labios, que le había metido la lengua en la boca y que la había tocado», relató la mujer.

Ese mismo día, perturbada por el relato de su hija de 5 años, Cecilia se dirigió a la Comisaría y radicó la denuncia. Además, pidió una orden de restricción de acercamiento, la cual le fue concedida por la Justicia. Sin embargo, como su casa y la del abusador están en terrenos contiguos, esa restricción no se cumple: «Los patios de nuestras casa estaban separados por un tejido; si bien ahora hay una pared, el miedo de que se asome sigue estando», asegura.

Así, todos los días Cecilia debe cruzarse con el pedófilo en la puerta de su casa. «La restricción no la cumple. Ya he llamado varias veces a la Policía, pero no hacen nada. Encima él se les ríe y les dice que si quieren que se vaya le compren una casa y él se va. Es insólito», cuestionó la mujer.

Sospechas

El caso de abuso se vuelve aún más singular por un dato que no deja de perturbar a Cecilia: meses antes de que el hombre abusara de la niña, ella intercedió cuando a F.A. intentaron ahogarlo en una pileta. «Fue unos meses antes, un día que vi que lo estaban por matar, lo tenían con la cabeza adentro del agua y yo, como lo conocía y lo consideraba de mi familia, me metí y lo salvé. Por eso tampoco es que puedo entender cómo le hizo eso a mi hija, cómo me traicionó así», recordó Cecilia.

«Nunca supe por qué lo querían lastimar hasta el día que abusó de mi hija, ahí entendí que seguramente ya le había hecho lo mismo al hijo o hija de otra persona», explicó la mujer, quien hace poco trató de ubicar al hombre que había querido ahogar a F.A.: «Quería saber si mis sospechas de que ya había abusado de otro chico eran ciertas. Busqué a este hombre, incluso fui hasta una verdulería donde trabajaba, pero hacía un tiempo que había cambiado de trabajo», explicó.

Vivir con miedo

En la actualidad, N. continúa sin salir de su hogar por cuenta propia. Cada vez que lo hace está acompañada por su mamá. Ya tiene 11 años, pero sigue tan asustada como los días posteriores al abuso. «Hay días que la estoy bañando y cuando le paso una esponja cerca de la cara se asusta, se pone muy tensa. Es muy difícil verla así» cuenta entre lágrimas Cecilia. «Es injusto que ella siga sufriendo y que este tipo se pasee por delante nuestro», agrega con un nudo en la garganta.

Dictar una restricción de acercamiento o perimetral, sea de 50, 300 o mil metros no es suficiente. Muchos jueces creen sacarse un problema de encima, pero ¿qué pasa cuando el abusador no cumple esa orden de restricción? ¿por qué las víctimas siguen siendo víctimas después del abuso cuando los victimarios pueden hacer lo que quieran y hasta burlarse de los policías que se acercan cuando una madre atemorizada pide auxilio? Los testimonios que más se repiten cuando una mamá o un papá nos relatan estos casos tienen que ver con la falta de empatía por parte de los que tienen que protegerlos: jueces, fiscales y policías, que todavía no entienden o parecen no querer entender que un niño o una niña abusados llevarán toda su vida la pesada carga de ser víctimas de abuso. Los abusadores, mientras tanto, son los únicos beneficiados.

*0800-222-1717: Atención a víctimas de abuso sexual infantil

 

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