Educación: praxis, reflexión y acción transformadora

El desmantelamiento de la educación de gestión pública consolida y acrecienta las enormes desigualdades sociales en nuestro país. Editorial.

Por Nicolás Santomé

La educación, no cabe dudas, es uno de los pilares de cualquier sociedad. Es el soporte en el cual se sostienen los sueños y las esperanzas de todos los ciudadanos, tanto individual como colectivamente. Pero, ¿por qué es tan importante defender su carácter público, gratuito y de calidad?.

 Podríamos responder a ese interrogante reconociendo, en primer lugar, que Argentina sufre, desde hace décadas, una gran desigualdad económica, social y cultural. Reducir los extremos entre los que más tienen y los que menos reciben debe ser una prioridad de estado para cualquier gobierno que busque mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Es en ese sentido que la privatización de la economía, la salud, la cultura, pero sobre todo de la educación, resultan incongruentes con un proyecto de país inclusivo, tendiente a mejorar y potenciar la calidad de vida de sus habitantes.

Prioridades

 La decisión del actual gobierno de Cambiemos, sin embargo, parece ir en contra de esa idea. De momento, la actual gestión se ha preocupado por subvencionar la fuga de capitales, la banca privada y las grandes corporaciones, mientras la educación pública continúa sufriendo la precarización de sus espacios físicos y la pérdida de poder adquisitivo de sus docentes y trabajadores.

 En nuestro país la problemática de la educación pública parece medirse solamente con los resultados de las evaluaciones APRENDER. Al menos así lo cree el presidente Macri, cuando marca “la terrible inequidad entre aquel que puede ir a la escuela privada versus el que tiene que caer en la escuela pública”, valiéndose de los resultados de esas evaluaciones que indican, entre otros registros, que 4 de cada 10 alumnos tiene problemas para comprender un texto, mientras que en las escuelas de gestión privada son 2 de cada 10 los estudiantes que presentan inconvenientes de comprensión.

Salarios y precariedad edilicia

 Durante décadas los distintos gobiernos que se sucedieron han atacado a los docentes que reclaman “en exceso” por sus salarios, acusándolos de utilizar a los alumnos como herramienta de extorsión, cuando la realidad es que los sueldos pierden continuamente contra la inflación y, en muchos casos, han quedado por debajo de la línea de la pobreza: en marzo de 2018, el salario docente promedio era de $ 18.524 brutos (sin descuentos), mientras que la canasta básica familiar estaba, en el mes de junio, en los $ 19. 601(INDEC).

“Sería ingenuo esperar que las clases dominantes desarrollen una forma de educación que permita a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica”. Paulo Freire.

 

 Otra cuestión es el estado edilicio de las escuelas de gestión pública: sin calefacción, sin ventanas, inundadas, con paredes electrificadas, con fallas en las instalaciones de gas y de electricidad, sin materiales didácticos y con tantos otros inconvenientes que dificultan la enseñanza y perjudican el desempeño de sus alumnos.

 Resulta preciso tener en cuenta aquí el valor agregado que aporta la educación pública en nuestro país, en especial en sectores rurales donde la gestión privada casi que no existe (el 99% de las escuelas rurales en Argentina son de gestión pública) y en los sectores más humildes de los centros urbanos, donde no hay posibilidad alguna de acceder a una institución privada.  

Igualdad de oportunidades

 Se hace evidente la necesidad de revertir el destino de los recursos económicos hacia la educación pública, pero, al mismo tiempo, es necesario preguntarse si no resulta imperioso también prohibir la educación de gestión privada. Finlandia, el mejor ejemplo en cuestiones de materia educativa, se planteó en la década de 1970 una fuerte discusión para reducir la desigualdad entre sus habitantes.

 La decisión de prohibir la educación privada en sus niveles primario y secundario llegó luego de un gran debate entre actores políticos de todo el espectro ideológico, así como también de académicos y educadores, lo que resultó en la abolición de la educación privada, otorgando la misma enseñanza elemental y en las mismas instalaciones  a todos los jóvenes de hasta 16 años (León Martínez, 2018). En consecuencia, el resultado obtenido fue casi suprimir la brecha de logros entre los estudiantes más ricos y más pobres, pero, más importante aún, convertir a Finlandia en una de las historias de éxito educativo global de la era moderna.

 ¿Se puede implementar en Argentina algo similar? obviamente que sí. Pero para ello resulta fundamental la decisión política de llevarlo adelante, decisión que recae no solo en los dirigentes de nuestro país, sino también en los distinto actores que conforman la sociedad. Después de todo, como sostiene Freire: “la educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo”. Necesitamos praxis, reflexión y acción transformadora.

Noticia previaAbsolvieron a los tres acusados por el femicidio de Lucía Pérez
Siguiente noticiaBerazategui: buscan a un vecino que desapareció de su hogar