Gustavo González: La educación como política de Estado

Por Gustavo González

Argentina, a lo largo de nuestra historia se ha caracterizado por tener una educación inclusiva y de calidad. La ley 1.420 aprobada un 8 de Julio de 1884 fue la piedra basal de nuestro sistema educativo nacional. En un país en donde el 72% era analfabeto, una política estatal dedicada a la educación Libre, Laica, Obligatoria y Gratuita, en 30 años dejó como saldo un 37% de analfabetos; esto es, incorporó a un 35% de nuevos niños al sistema escolar y de altísima calidad. Así, nuestro país se convirtió en un faro educativo del mundo que irradió durante un siglo.

 La Reforma Universitaria de 1918 fue la segunda etapa de la 1.420; mientras una incluía en la educación básica, el gobierno de Hipólito Yrigoyen incorporó a los hijos de inmigrantes y los obreros en la vida universitaria, convirtiéndose en los nuevos profesionales. La Universidad Pública, Autónoma, con Extensión Universitaria, Cogobernada y al servicio del pueblo fue el legado directo de la gesta única en América Latina. El resultado Reformista fue los 5 Premios Nobeles que recibió la Argentina (Brasil tiene 1, Chile 2, México 2). Una vez más, Argentina demostró que inclusión y calidad podían resultar compatibles.

 El gobierno de Arturo Illía puso a la educación en el presupuesto más alto de la historia Argentina (23%), los últimos años el presupuesto alcanza al 6%.  Mientras que el gobierno de Raúl Alfonsín incorporó un gigantesco Plan de Alfabetización premiado por la UNESCO que redujo el analfabetismo del 6 al 3%.

 Entrado al Siglo XXI, Argentina ha retrocedido en materia educativa. Las pruebas internacionales, nacionales y la propia praxis de cada ciudadano sabe que la educación en nuestro país está en niveles desconocidos por nuestro país. El país faro de la educación del continente ha sido reducido a una mera sombra de un pasado glorioso y un presente paupérrimo.

Inclusión y Calidad

 No existe posibilidad alguna que un proyecto de país no contenga un proyecto educativo. La díada Inclusión y Calidad parecen no ser compatible en nuestra realidad cotidiana. Docentes no respetados, padres ausentes, instituciones inadecuadas, planes de estudios desactualizados y desarticulados, sindicatos desfocalizados, y la idea que la educación no es motor del crecimiento idóneo, son algunas variables que desintegran el aparato educativo y desintegran el tejido social.

 Si queremos conformar una sociedad integrada, justa, con movilidad social, con equidad e igualdad, debemos incorporar el debate educativo como materia central de una Política de Estado en nuestro país. La educación fue motivo de nuestro orgullo durante 100 años, es necesario volver a ocupar ese rol. Diferenciar lo importante de lo urgente nos hará crecer como comunidad. Será nuestra tarea desinteresada la que deberá encarar esta gesta, solo se necesitan hombres y mujeres de buena voluntad que quieran “Asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.

Redacción

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