Hechos pelota


El negocio millonario que le quitaron a la barra de River, la negligencia y/o connivencia de la Policía y los vínculos entre política, clubes y barras.


Por Nicolás Santomé

Decir que lo que ocurrió este sábado en las inmediaciones del estadio de River es culpa de unos “15 inadaptados” es seguir tratando de estúpidos a millones de argentinos. Ayer, una vez más, se dio una muestra más de lo que todos saben pero nadie habla: el negocio y la política se robaron (nuevamente) una parte de nosotros.

 Un día antes del partido, la barra de River perdió 7 millones de pesos y 300 entradas truchas destinadas a la reventa para la final de la Copa Libertadores. ¿Alguien creía que sería “gratis”?. ¿Alguien cree que un barrabrava al que le quitan semejante negocio se quedaría cruzado de brazos mirando el partido por Tv?.

 Los piedrazos, botellazos y las agresiones al micro de Boca contaron con “hinchas” que todavía piensan que los partidos se ganan con la cultura del aguante, pero que, además de ganar en la cancha, creen que también es necesario ganarlo afuera. No alcanza con ganar el partido, al otro hay que denigrarlo, burlarlo y, si se puede, matarlo. La negligencia (como mínimo) de la Policía y de los encargados de la seguridad, ya no es noticia. O hubo zona liberada para que los barras actúen o un operativo de 2200 efectivos no puede controlar a los “15 inadaptados” que parecieran estar en todos los desastres argentinos. En cualquiera de los dos casos el resultado sigue siendo preocupante.

 Párrafo aparte para los protagonistas. Tevez y Benedetto pidiendo que “le den la copa a River” y el ídolo de Boca diciendo que River no se solidarizó con ellos cuando su propio presidente, Daniel Angelici, dice todo lo contrario, no sólo que no suma sino que resta en un momento en el que es necesario parar la pelota. Incluso cuando fueron ambos clubes quienes se opusieron a jugar en esas condiciones, con jugadores de Boca lesionados, ante la presión de Conmebol y FIFA para que el partido se juegue.

 Y si de Conmebol y FIFA hablamos aquí hay una cuestión tanto o más grave, porque esa presión a la que someten a los protagonistas para que el show continúe, aún con jugadores que estaban siendo trasladados a una clínica, como Pablo Pérez, con una incrustación en un ojo, es una muestra de la locura que están dispuestos a llevar adelante, una vez más, los dueños del circo.

  El “Todo pasa” aparece, una vez más, grabado a fuego en la idiosincrasia de nuestro fútbol pero también de la sociedad argentina. El resultado del partido tapará el bosque y la rueda, como siempre, seguirá girando.

 

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