Murió Lima, la mascota de Periódico El Progreso

Tenía 70 días.

Después de una larga internación, un extenso recetario de drogas e inyecciones y constantes viajes a la veterinaria, este jueves murió Lima, la mascota de Periódico El Progreso, a los (estimamos) 70 días de vida.

Lima llegó a nosotros luego de ser abandonada en la calle. La recibimos con 45-50 días de vida, sus patitas como cuatro finos hilos, la panza redonda e inflada de parásitos y la mirada cansina.

Durante el poco tiempo que vivió llegó a poder correr detrás de Leona, la gata que le cedió el protagonismo pero que ganó una compañera de aventuras. Le mordía la cola y la perseguía, hasta que se cansaba y caía al piso sin fuerzas. A los pocos días ya no se paraba, y sumó más metros recorridos dentro del canil que a andando a patas.

Lima y Leona
Lima y Leona

Fue parte de nuestra familia de una manera particular: sus horarios de comida y de medicación, de viajes al veterinario y de salidas a la farmacia interrumpieron la publicación de noticias y la organización de las entrevistas. Algún llamado quedó sin responder cuando ella requirió nuestra atención.

Tuvo días más alegres que otros, como cualquiera suele tenerlos. Sin embargo, pudo, aunque sólo una o dos veces, correr. También ladró en alguna que otra oportunidad, como cuando pedía ayuda para subir las escaleras. No llegó a romper ningún almohadón ni a comerse los cordones de nuestras zapatillas. Tuvo, eso sí, el abrigo y el resguardo de nuestro regazo mientras se redactaban las notas.

Esta mañana estaba como en los últimos diez días: echada y sin poder mantenerse en pie más que durante algunos segundos, los necesarios para hacer pis o para que simplemente la dejemos tranquila.

Después de una de sus habituales (y dolorosas) inyecciones volvió a dormir y se despertó quejándose, algo no habitual pese a lo frágil de su estado. Algo no andaba bien. De corrida a la clínica ya presumíamos el final, que llegó con el “intentamos pero no pudimos hacer nada”.

Nos quedan ahora los recuerdos: las corridas a Leona; los ´coscorrones´ con los que la gata le respondía: la definición de hepatozoon que aprendimos en Google; la mirada cansada con la que parecía decirnos lo que no queríamos reconocer; el frió como de mármol del último beso; el peso del cuerpo inerte durante la caminata de regreso a casa y el pozo que aún no cavamos.

Redacción

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