Niñas, No Madres. La Nación y una Oda a la violación

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El editorial de La Nación de este viernes es una vergüenza para el periodismo, pero sobre todo es nefasto para la sociedad, imponiendo el conservadurismo religioso en contra de las leyes vigentes y de los Derechos del Niño.

Por Nicolás Santomé

«Niñas madres con mayúsculas» es el título del editorial de este viernes que publica La Nación. Un texto que no lleva firma, por lo que supone refleja el pensamiento retrógrado de sus dueños y directores. Un texto que hace apología de la violación y que se lleva puesto Leyes y Derechos como si nada.

 El texto abunda en atrocidades y no tiene una sola afirmación que se sostenga a no ser por supuestos testimonios de niñas menores de edad. Relatos que mueven «a reflexionar sobre lo que es natural en la mujer, lo que le viene de su instinto de madre, lo que le nace de sus ovarios casi infantiles».

 Ni una sola vez se menciona la palabra violación. El editorial elude el término, que es el que corresponde, y prefiere notar que «mucho más allá de la forma en que se gestaron los embarazos, claramente nada deseada ni deseable (…) resulta admirable y emocionante ver desplegarse el instinto materno». Palabras imbuidas de una religiosidad que no sorprende en un medio de comunicación acostumbrado al adoctrinamiento.

 Punto aparte para el ataque a quienes defienden la legalización de la interrupción legal del embarazo. Un ataque dirigido a quienes despreciativamente  llama «pañuelos verdes» y «abuelas abortistas», definiendo al mismo tiempo como un «error» el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos y llamando asesinato (y por consiguiente asesinas a quienes lo practicaran) al aborto.

 Resulta vergonzoso que nadie se haya atrevido a firmar el texto. Y resulta también vergonzoso que se reproduzcan estos contenidos en los medios de comunicación, en especial uno tan masivo como La Nación, aunque sea ya reconocido su posicionamiento a la hora de publicar sobre otras cuestiones sensibles, como los desaparecidos, la dictadura militar y los genocidas, a quienes en infinidad de oportunidades encubrió.

No es madre. Es niña. No es sexo. Es violación.

Leé el editorial completo en este link