Soldados varelenses fueron identificados en las Islas Malvinas.

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 Este lunes se realizó en las Islas Malvinas el acto de identificación de 90 soldados argentinos que combatieron y fallecieron durante la Guerra de 1982. Entre ellos se encuentran tres soldados de Florencio Varela.

 Al llegar al Cruce Varela una de las imágenes que se graban rápidamente en nuestra memoria es la del Monumento que recuerda a los varelenses caídos en Malvinas: Ramón Salorzano, Omar Abraham, Sergio Robledo, Pedro Orozco y Miguel Arrazcaeta.

 Los tres últimos nombres de esa lista compartían, hasta este lunes, una particularidad: Sus restos aún no habían sido identificados. Es por esta razón que sus familias no conocían sus tumbas ni sabían que había sido de sus cuerpos.

 Sin embargo, durante el acto de este lunes en las Islas Malvinas, sus restos finalmente fueron identificados. En consecuencia, sus tumbas llevan ahora una placa que las identifica con nombre y apellido.

Miguel Ángel Arrascaeta

 Nació en 1962 en Colonia La Capilla, la zona rural del distrito. A los 9 años abandonó la escuela para trabajar junto a su padre en el tambo familiar.

 Su madre, Laura Fadele, contó que, a punto de ser dado de baja del Servicio Militar, «Se lo llevaron y ni avisaron”.

 Ya en Malvinas, Arrascaeta fue herido en una pierna, pero rechazó volver al continente y eligió quedarse junto a sus compañeros. Falleció el 10 de junio de 1982 en la batalla de Monte Longdon. Pocos días habían transcurrido desde su cumpleaños número 20, el 19 de mayo.

«Hijo, te encontré, hijo, te encontré», dice conmovida Laura Fedele mientras acaricia la placa con el nombre de Miguel Ángel.

 Pedro Alberto Orozco

 Fue llamado junto a su hermano Adolfo para combatir en Malvinas. Mientras éste último era  designado al área de artillería antiaérea del aeropuerto en el cabo San Felipe, Alberto hizo lo propio en Monte Longdon. Jamás volvieron a verse.

 Lo único que se supo luego de ese día, es que Alberto murió durante un enfrentamiento con los británicos en Monte Longdon. A partir de este lunes, sus restos descansan en una tumba identificada con una placa que lleva su nombre.

 Sergio Ariel Robledo 

 Si bien nació en Quilmes, a los 9 años se mudó a Florencio Varela. Pertenecía a una familia que practicaba la religión evangélica y era amante de los perros. A tal punto llegó su amor por los canes que se dedicó durante un tiempo a la cría de perros doberman. Sin trabajo, llegó a juntar cartones para alimentar a su familia.

 Su muerte está marcada por un dato que estremece: estando en la colina de Sapper (Sapper Hill) el «alto al fuego» ya había sido dado cuando falleció. Su batallón, desconociendo esa orden, continuó luchando durante casi tres horas. Fue durante esos escasos minutos que Robledo (y otros dos combatientes) perdió la vida.

 

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